Tu llegada a Ephemera.
TU LLEGADA A EPHEMERA.
Cualquier ser que llegase a Ephemera se encontraría con una luna construida en imagen y semejanza a los mundos de ensueño. Robusta, funcional y, discutiblemente, fría, aunque esconde tras de sí una belleza sutil. No hay necesidad de frivolidad o elegancia, solo algo que se mueva a través del tiempo. Sus edificios, sus calles y ancestrales tierras pasajeras recuerdan a la gente que solo es olvidada en esas obras de poco esmero y cariño que pretenden ser eternas.
Las canciones de un pasado remoto y un futuro jamás robado se entonan las órbitas inocentes y comprometidas de todas las mentes del cosmos conocido en un soliloquio de movimientos rápidos y vibrantes. Una ciudad pintoresca, dotada cuánticamente de coherencia en un panorama macroscópico, que recuerda a las vanguardias soviéticas de los años 30 y al realismo constructivista de décadas posteriores. No necesariamente igual, sino como la recordamos. Un discurso artístico que podría catalogarse de pop medieval. Surrealista e iconográfica, es una extravagante fusión que resulta de un desfile de realismo fantástico.
Calles, parques, puertos y plazas por las que transitan seres de patrones y posturas inusuales. Arlequines geométricos, anuales eslavizados, vestidos etéreos de noche y otras entidades que demuestran siempre un dejo de parca sensualidad. Las tierras pasajeras invitan a bailar con su frescor electrizante, optimista y orgánico. El futuro llegó, y las profecías de Vernadski y el padre Teilhard se cumplieron; la muerte fue derrotada y el espíritu de la Tierra traspasado.
La ciencia ha creado maravillas reveladas en el pensamiento onírico debido a las fuerzas mediadoras de la realidad material. El arte y la arquitectura sintetizan la esterilidad de la ciencia, con líneas agudas y miradas firmes de hormigón resplandeciente, con diseños revolucionarios, una propaganda monumental y una agitación de porcelana. Al mismo tiempo el los sintetizadores y la música de los acordeones está llena de alegría y melancolía.
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