Samas (el Sol)


Samas, el hermano de todos y a la vez dividido. La luz de su corona rezuma en el camarote de las chullimas como miel rancia, el rocío de sus praderas de hidrógeno en fusión bañan a presión el metal. Una ingeniera de ojos verdes blanquecinos, piel de ébano y dientes afilados irrumpe con un himno. La bruja joviana se apresura a cerrar las persianas de su nave, mientras que tú te arriesgas a echar una mirada directa al hijo disputado de un campo de cañas de azúcar y una brisa estática. Es el oro que recubre el envoltorio de un caramelo, no el fuego que lo tuesta.

La luz de Samas pringa con su luz viscosa las ventanas.

-Se ha atenuado desde la última vez que lo vi-
 dice el farero nihilista.

-Ni siquiera yo me acercaría tanto-. La bruja joviana incauta mira con ansia al sol.

La vanguardista de incógnito mira fijamente al núcleo oculto, mantiene la mirada fija en su envoltorio vidrioso, no dice nada. Una brigada de barajas resecas saluda desafiante a su presencia. Una lágrima patriótica brota en el ojo de un noosceta socialista. La piel del deborinista arrepentido brilla en esa luz, como los rayos de la luna sobre un cristal informe. La taikonauta gagariana se ha fascinado con el café en ebullición que se evapora en su superficie. Se ve obligada a tomar una fotografía a contraluz.

-¿Los humanos han encadenado un sol?- ¿Es eso un asombro en la voz del nabatita? 

-Nuestra luna es más bonita- el afortunado taikonauta laiko de Ephemera sonríe.

-Este sol es un poco ostentoso.- la burócrata incómoda lucha por ocultar su asombro.

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